La palabra de hoy: #cruz – La Vera Cruz

La palabra de hoy: #cruz

En el día de viernes Santo, los cristianos rinden culto a la Cruz en recuerdo de la muerte de Jesús crucificado.

En aquellos lugares donde se guardan partes de la Vera Cruz, se realizan procesiones llevando éstas reliquias bajo palio.

Santa Elena y la Vera Cruz

La Vera Cruz o Santa Cruz, es la cruz en la cual se cree que fue crucificado Jesús. La historia cuenta que la Vera Cruz fue hallada gracias a la emperatriz Elena de Constantinopla, madre del emperador Constantino I el Grande. La emperatriz, ya anciana y profundamente cristiana, emprendió en el año 326 viaje de peregrinación a Tierra Santa para dar gracias a Dios por sus hijos y nietos, según el biógrafo de Constantino, Eusebio de Cesarea (275-339) .

Cuando la emperatriz llegó a Jerusalén hacía tres siglos que no se tenía constancia alguna del paradero de la Santa Cruz, ni tampoco de cuál había sido el lugar exacto del calvario de Jesús.

La Leyenda áurea o Leyenda dorada (Siglo XIII)

Según cuenta el beato dominico, Santiago de la Vorágine, en La leyenda dorada, la emperatriz Elena ordenó interrogar a los judíos con el fin de averiguar donde se encontraba la Santa Cruz, pero estos se negaban a hablar, pues una profecía afirmaba que si la Vera Cruz era encontrada por los cristianos, los judíos nunca volverían a reinar.

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El hallazgo de la Santa Cruz De Agnolo Gaddi

La emperatriz Elena, un tanto irritada, amenazó con quemar a todos los judíos de la ciudad y éstos le entregaron a un tal Judas que, según decían, sabía el lugar donde habían escondido la cruz. Tras obligarle a permanecer varios días en el interior de un pozo, Judas consintió en llevar a la emperatriz al lugar y él mismo cavó hasta encontrar las tres cruces.

Una vez descubiertas, se encontraron con la incertidumbre de ¿cuál de las tres cruces era la del Señor? Para averiguarlo, Elena hizo detener un cortejo fúnebre que pasaba por allí y acercó el muerto a cada una de las cruces. Ante la última, el muerto resucitó y así, se pudo comprobar  que esta era la cruz verdadera. Judas se convirtió al cristianismo, tomando el nombre de Ciríaco, llegando a ser sido obispo de Jerusalén.

El hecho histórico

Según algunos historiadores de la época, el hallazgo de las tres cruces, los clavos y el “titulus crucis” fue realizado por casualidad mientras se desmantelaba un templo consagrado a Afrodita; mientras que, para otros, fue la propia emperatriz la que ordenó derribar el templo a la diosa y realizar excavaciones en el lugar.

La autenticidad de la Vera Cruz se determinaría porque en una de ellas se encontraron las marcas de los clavos y el “titulus crucis”. Según el Evangelio de San Juan, sólo Cristo fue clavado en la cruz.

Desde su descubrimiento, la Vera Cruz ha tenido una vida un tanto azarosa. La propia emperatriz ordenó partir en dos trozos la Vera Cruz y el “titulus crucis”, con la intención de dejar una mitad en Tierra Santa y trasladar la otra mitad a la capital de imperio.

La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un templo: la Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardarían las reliquias. Posteriormente, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén en el año 614 y se llevó, como botín de guerra, la Vera Cruz a Ctesifonte, cerca de Bagdad, para ponerla bajo su trono como símbolo de su desprecio hacia los cristianos.

El emperador bizantino Heraclio libró una verdadera guerra de religión contra los enemigos de Jesucristo y en el año 623 sus huestes tomaron Ganzak, quemando el templo dedicado a Zoroastro como represalia por la profanación de la Basílica del Santo Sepulcro. Cinco años más tarde, en el año 628, el emperador Heraclio venció a Cosroes II y fue recibido en Constantinopla como el Mesías, entre ramas de olivo y cánticos de júbilo. En la primavera del 630 restituyó la Santa Cruz a Jerusalén en una solemne procesión.

Cuenta la leyenda que cuando Heraclito, vestido de forma ostentosa y regia, quiso cargar con la Vera Cruz,  le fue imposible hasta despojarse de sus vestiduras reales. Una vez que se desprendió de sus ropajes y calzado, representado la pobreza y humildad de Jesús, la cruz dejó de pesarle y pudo llevarla hasta el lugar santo. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz.

Pero no duró mucho la alegría para los cristianos, en el año 638 los musulmanes reconquistaron Jerusalén y la Vera Cruz volvió a sus manos. Jerusalén y las reliquias cristianas no fueron recuperadas hasta la Primera Cruzada, en el año 1009, cuando el califa fatimí Huséin al-Hakim Bi-Amrillah ordenó destruir, de nuevo, la Iglesia del Santo Sepulcro. Durante esta primera cruzada la protección de la Vera Cruz se encomendó a los Caballeros Templarios; pero en 1187 Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, más conocido como Saladino, gran defensor del Islam, venció a los cruzados en la batalla de Hattin ocupando nuevamente Jerusalén y Tierra Santa. La victoria fue total para Saladino, destruyó la casi la totalidad de las fuerzas cristianas, capturando a los principales caudillos, eliminando a la mayoría de los caballeros de las órdenes religiosas y arrebatando nuevamente a los cristianos, la Vera Cruz, su más preciada reliquia.

Durante la Tercera Cruzada, conocida como la Cruzada de los Reyes, Ricardo Corazón de León tras recuperar la ciudad de San Juan de Acre firmó un tratado con Saladino por el cual Jerusalén permanecería bajo control musulmán, permitiéndo a los peregrinos cristianos visitar la ciudad. De igual modo, tras muchas negociaciones habían acordado intercambiar tres mil prisioneros musulmanes a cambio de la devolución de la Vera Cruz. Sin embargo, el Rey Ricardo, no cumplió y los ejecutó.

A partir de entonces se perdió todo rastro de las reliquias de la Vera Cruz de Tierra Santa, pese a las arduas reclamaciones realizadas por el rey de Aragón Jaime II al sultán Muhammad An-Nasir, en las embajadas llevadas a cabo para rescatar al comandante templario de la guarnición de la isla de Arwad en el siglo XIV.

Autenticidad de las reliquias de la Vera Cruz en la actualidad

Hoy en día, hay fragmentos de la Vera Cruz en muchas iglesias del mundo, muchas de ellas falsas. Una de las reliquias considerada auténtica se encuentra en el Vaticano que a causa de su estado se ha separado en pequeñas partes que han sido compartidas con otras iglesias y santuarios, como La Basílica de La Santa Cruz de Jerusalén en Roma, el monasterio de Santo Toribio de Liébana en Cantabria, o en Caravaca de la Cruz,España.

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Nota: El último Catón de Matilde Asensi es una novela cuya trama radica en la recuperación de las reliquias de la Vera Cruz, que están desapareciendo misteriosamente de todas las iglesias del mundo. Es una novela bien documentada, amena y de facil lectura. Os la recomiendo.

©KavivaXarsu

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