#lapalabradehoy: #solitarios

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#Lasombradelahormiga

Allegro_2000
By RadekS – Own work, CC BY-SA 3.0

 #Lasombradelahormiga

Seyak y María

Oviedo, Asturias, España – Año 2005

El cibercafé “Tom y Jerry”, a pesar de la hora, estaba desierto. Seyak, puntual como cada tarde, se dirigió a la barra indicando al camarero con su gesto habitual: “café y tostada”. En un intento de matar el tiempo mientras preparaban su merienda, cogió de su mochila un libro, hojeándolo con desgana, sin dejar de observar por el rabillo del ojo “aquella solitaria muchachita”; le intrigaba su amarga mirada. La joven, desde hacía cuatro meses, acudía cada tarde al ciber, en una enigmática e intrigante cita con un portátil, procurando sentarse siempre en la misma mesa, situada al fondo del local y decorada con imágenes de un gato llamado Butch, uno de los personajes de la serie de dibujos animados Tom y Jerry. El propietario del negocio, un tanto fanático de estos personajes creados durante los años 30 por los estudios de animación Metro Golden Meyer, había gastado una fortuna en representar fielmente algunas de sus historietas; pero no le pesaba, había conseguido llamar la atención de un público muy variado en edad. Tan pronto, el pequeño local se veía desbordado por un grupo de madres con sus pequeños diablillos, gritando y peleando por sentarse en la mesa de Tom, como hacía acto de presencia una envejecida pandilla de sesentañeros que se hartaba de reír tontamente, recordando su niñez ante una televisión que perdía constantemente la señal en el momento más inoportuno mientras veían el episodio de turno.

Seyak, estaba obsesionado con aquel rostro aniñado y gesto triste. Absorto en sus pensamientos, no vio como José le servía su merienda.

– ¡Eh! Despierta muchacho.- El camarero le señaló su mesa con media sonrisa.

– ¡Uy! Perdona José. Ni me había enterado. Puedo preguntarte algo.

– Creo que llevo esperando esa pregunta hace semanas.- Acentuando su sonrisa.- Adelante, pregunta.

– Si, ya sé, te has dado cuenta, no tengo ojos más que para ella. Pero.., no sé cómo se llama, ni cómo abordarla. Podrías ayudarme… Estoy tan ansioso por conocer sus misterios que no puedo concentrarme en mis estudios. Necesito saber qué se esconde detrás de esa tristeza.

– Pues mi ayuda no va a ser mucha. Sólo sé que se llama María, que nunca la acompaña nadie, que usa el facebook para chatear y que, de vez en cuando, además de sus habituales zumos se toma una cerveza. ¡Ah! y no fuma. Es todo lo que sé. Para mí, también es un misterio.- Tras beber un sorbo de agua y en un tono un tanto socarrón – Si quieres, puedo decirle que la invitas a un zumo…

– No, mejor no. Voy a tomarme mi café, ya debe estar frío – Dirigiéndose a su mesa de siempre.

– Ten cuidado, las chicas tristes esconden grandes problemas. – Le advirtió el camarero.

María, en aquel momento, ajena a su mirada, chateaba con su amiga Carmen. Ambas, aunque nunca hablaban de ello, escondían una triste verdad. No dejaban de chatear todos los días durante horas, compartiendo música, libros y su propios poemas; poemas, donde expresaban su angustia por un pasado que no lograban superar.

Seyak, de pronto, en un gesto inusual en él, abordó sin rodeos a María, con una abierta sonrisa:

– ¡Hola! Perdona… José, el camarero, me ha dicho que te llamas María. Mi nombre es Luis Miguel, pero todos me conocen como Seyak. Hace tiempo que quería hablar contigo… – Algo nervioso – ¿Puedo invitarte a tomar un zumo?

– ¡Vaya!, veo que también te ha comentado lo que suelo beber . – Con una disimulada sonrisa – Tú eres el joven del café con tostada a las seis en punto. – Minimizando el facebook. – El que siempre se sienta en la mesa de Tom y Jerry.

– Pues sí. Acabas de sorprenderme. – Realmente sorprendido. – Ni por lo más remoto hubiese pensado que existiera para ti.

– Estoy chateando con una amiga, no puedo dejarla así…es algo difícil de explicar en este momento.

– ¿Difícil? Para nada. Tú sigues chateando con tu amiga y yo, mientras tanto, intento ponerme en contacto con mi familia en Venezuela. Hace días que no lo consigo. Pero hoy me gustaría. Tengo mi propio portátil aquí. – Señalando su mochila. – Así podré contarles que voy a cenar con la chica de ojos negros más bonita de la vieja Vetusta.

– ¡Vaya, vaya! Primero era un zumo, ahora ya vamos a cenar… No sé, no sé… Si al menos mis ojos fueran los más bonitos del mundo, pero sólo de Oviedo. ¡Qué decepción!

– Veo que tienes buen humor. – Se sintió alentado, la desconocida escondía mucha ironía. Aún no estaba todo perdido. – Bueno, ¿qué?…

José, sin dejar de sonreír, les observaba desde la barra, pero estaba preocupado por el joven estudiante. La chica era un misterio, siempre sola. De Seyak, no podía decirse que fuera un solitario; de vez en cuando, sobre todo durante los fines de semana, acudía al ciber acompañado de varios colegas. Era un tipo raro. Sus facciones, medio indias, atraían mucho a las jovencitas, aunque nunca le había conocido ninguna novia. Por sus colegas, sabía que vivía exclusivamente para sus estudios de medicina y biología, y para su pasión: el piragüismo. Uno de sus compañeros de facultad le había comentado que era un experto piragüista y escalador.

Dudando durante un momento, María, finalmente aceptó la invitación; estaba entusiasmada pero alerta. A petición de José, se sentó en la mesa de Seyak. Contrariada, porque no encontraba bajo los rostros de Tom y Jerry el enchufe para conectar su portátil, buscó la mirada del joven; pero este, le daba la espalda haciendo señas, sin éxito, a un hombre con cierta prisa por llegar a los aseos. Pasaron unos minutos, hasta que el hombre, vaciada la vejiga, cruzara de regreso la puerta del aseo e inevitablemente les viera frente a él. Se alegró de encontrarse con Seyak, con gesto franco y jovial se encaminó hacia la pareja. En realidad, para eso había ido esa tarde al Tom y Jerry, para charlar con su amigo.

– María, te presento a “muëre kan kabare”, que traducido quiere decir algo así como “Caballo de Cielo”. Este es mi alocado amigo, profesor de química y piloto de helicópteros – complacido de tenerle allí. – No encontraras a nadie tan loco, astuto y divertido en tu vida. Jamás podrás aburrirte a su lado.

– ¡Hola Caballo de Cielo! Encantada de conocerte.

– Muëre Kan Kabare”, amigo mío, te presento a María. No puedo contarte mucho sobre esta preciosidad, pero intuyo que los tres vamos a ser grandes aliados.

– ¡Bonitos ojos, María! – Fijando su mirada en la joven – Tu eres la chica…la chica de aquella mesa, la solitaria. Encantado de conocerte. – Mirando a su amigo – Por fin lo lograste – Concentrando nuevamente toda su atención en el rostro de la chica, analizando su expresión – ¡Ay chiquita! Aquí el piragüista nunca abre la boca; pero todos le adivinamos el pensamiento. Lleva semanas observándote en silencio. Espero que no os parezca mal… Debo confesar que José y yo apostamos hace semanas cuánto tiempo tardaríais en sentaros en la misma mesa. Pero… – frunciendo la nariz – me habéis hecho perder una cena, yo había apostado a que la mesa afortunada sería la de Mammy y esta no es la suya. Pero hoy, estoy contento y, como además, le debo una cena a nuestro amigo el camarero, os invito a cenar a los tres. Vamos a celebrar la compra de mi nuevo ultraligero. – Seyak lo miró perplejo.- No me mires así, el que tenía estaba… bueno, pues para el desguace. Ahora tengo un Allegro 2000 con protección solar y cierre de cabina, para protegerse del frio.

María se había olvidado de su amiga Carmen. En los cuatro últimos años nunca nada había interrumpido sus horas de chateo. ¿Qué estaría pensando? Seguramente que le había pasado algo. Tenía que conectarse y contarle lo que estaba sucediendo. No podía dejar que se preocupara. No, después de todo lo que habían pasado juntas. Carmen sabía que en Oviedo no tenía amistades, que siempre estaba sola con su portátil; que el único contacto que mantenía con su pasado era ella y que, en su nueva vida, sólo había cabida para el aislamiento y la soledad. Un recogimiento intimo, buscado. ¿Acaso, Seyak, podría terminar con su misantropía? ¿Podría devolverle la ilusión por vivir, por compartir pasiones y sueños? Tal vez si.

– Tenéis que perdonarme pero debo conectarme un segundo, dejé una conversación a medias con mi amiga Carmen. En seguida estoy con vosotros. Tenéis que explicarme eso del ultraligero. Parece interesante

– No te preocupes –la tranquilizó Seyak, – Tomate tu tiempo, nosotros nos sentaremos en la barra y decidiremos a dónde iremos a cenar. Hoy es viernes y estará todo lleno.- Llevándose a su amigo hacía la barra. – Tú qué opinas Carlos, ¿qué me recomiendas?

– Bueno, si no es vegana y le gusta la sidra podríamos ir a Terra Astur. ¿Por qué le gustará la sidra? A propósito, de dónde es esta chica.- Encogiéndose de hombros.

– Pues ni idea, pero eso pensaba averiguar esta noche. Sin tu ayuda, porque no contaba contigo, pero tal vez sea mejor así. – Ambos se echaron a reír.

– José, unas cañitas. Hay que celebrar. – Carlos el profesor estaba eufórico con su nuevo ultraligero – Aunque haya perdido la apuesta, estoy contento, tengo nuevo pájaro y mañana pienso probarlo.

– Aquí tenéis las cañas. ¿Va todo bien con María? ¿Habéis averiguado algo sobre ella?

– Vaya, vaya, con que tú también estás intrigado.

– ¡Anda! ¡Cómo todo el mundo! – contestó José – ¿Creéis que sois los únicos? Pues nada más lejos, hay unos cuantos moscardones interesados en descubrir sus misterios.

– Pues que se vayan olvidando porque esos ojazos son míos – afirmó contundente Seyak. – Cueste lo que cueste, los entresijos de María son míos.

Mientras conversaban, los tres la observaban. Ella, tecleando sin parar, no perdía detalle de lo que ocurría en la barra. La vida le había enseñado a aguzar los sentidos, a tener la mente despierta, siempre alerta. El acercamiento de Seyak había sido inesperado; todos los días lo veía sentado en una mesa próxima a la suya; también le resultaba interesante, pero jamás pensó en entablar una conversación con él. No estaba en sus planes hacer amigos. Solo quería terminar sus estudios de enfermera y largarse lo más lejos posible, comenzar de nuevo. Buscar un camino, un pasaje hacia la esperanza. Recobrar la ilusión del olvido. Pero no podía olvidar. Todos los días recordaba su malogrado pasado, las desgracias que acarreó a su familia y a sus entonces amigos. Ahora estaba sola, ni familia, ni amigos, solo Carmen, su fiel e incondicional amiga; pero lejos, en Londres. Tras contarle su encuentro con Seyak, María pidió disculpas a su amiga y prometió contarle todos los detalles de la cena. Carmen, por su parte, le pidió que tuviera cuidado, que fuera con prudencia, aunque las advertencias ya estaban de más y un poco tardías. La sensatez, después de tantas locuras se había alojado en su espíritu. Ahora, necesitaba volver a confiar en sí misma, precisaba de un pequeño impulso, de algún nuevo acontecimiento para renacer en una nueva vida. Una nueva existencia de entrega y sacrificio, compartiendo satisfacciones con los demás, participando de las euforias y los alborozos sin pretender sobrepasar, como en otro tiempo, los limites que la misma vida te impone, precisamente, por eso, por tener la suerte de estar viva.- Cerró el facebook y apagó su portátil.- Los chicos se estaban impacientando.

Continuará…

#Lasombradelahormiga – By ©KavivaXarsu –  Todos los derechos reservados.

Nota:  capítulos anteriores en el menú principal: #Lasombradelahormiga

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