Alegría.

En su mirada, podía observar la desolación del olvido, el miedo a su presente… la agonía de su futuro. El brillo apagado de sus ojos, sin destino, con un único final, la muerte. Pero de pronto, sin previo aviso, surgía un haz de luz, convirtiendo un pequeño instante en algo mágico; renacía su vivacidad y, entonces, todo se inundaba de su “añorada alegría”.

Instantes del día a día. Alzheimer.
Kaviva Xarsu

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