Alegría.

En su mirada, podía observar la desolación del olvido, el miedo a su presente… la agonía de su futuro. El brillo apagado de sus ojos, sin destino, con un único final, la muerte. Pero de pronto, sin previo aviso, surgía un haz de luz, convirtiendo un pequeño instante en algo mágico; renacía su vivacidad y, entonces, todo se inundaba de su “añorada alegría”.

Instantes del día a día. Alzheimer.
Kaviva Xarsu

Recuerdos

Sin dinero, sin esperanza ni ilusión, caminaba lleno de dudas por la calle Averías. Locales y locales con el odiado cartel “Se vende o alquila”. Se detuvo en el paso de cebra; frente a sus ojos, una sola persona parecía sonreír. La curiosidad pudo más que su educación. A la señal de verde, avanzó con decisión hacia una viejecita de sonrisa iluminada y sin dudarlo, lanzó la pregunta:

– Perdone mi atrevimiento buena señora ¿por qué sonríe? Es usted la única persona en todo el día que he visto sonreír.

– Uhmmm, ¡qué atrevido!- Espetó la señora con sorna.

– Perdón…, siento mi atrevimiento.- Agachando la cabeza avergonzado.

– No se preocupe joven, le contestaré encantada. Sonrío porque he conseguido recordar mi nombre.

– ¿Y cómo se llama usted?

– Ana María González Suárez- Contestó ilusionada.- Joven, ¿no sabrá usted cómo arreglar esta cosa que llevo aquí? No funciona.

– Veamos… – Abriendo la bolsa.- ¡Una lampara! Por supuesto.

– Pues, a qué esperas; si la arreglas hay más…

Pedro, apretó la mano de la anciana y le abrió su corazón. Mientras caminaban juntos no dejaba de repetirle una y otra vez: “Señora Ana, no se preocupe, cada día le recordaré su nombre”. Sin dinero, sin esperanza ni ilusión, caminaba feliz junto Ana.

Kaviva Xarsu